Salida de campo
Una visita triste pero con muchas enseñanzas.
Esta travesía comienza 2 semanas antes, cuando viendo TikTok me salió un video de una chica que visitaba una fundación de perros, me llamó mucho la atención y podía aprovechar el trabajo de campo para ir. Le propuse a mi amiga, Lau, ir juntas, ya que me hacía mucha ilusión. Luego de decirle al profesor que si se podía, nos dispusimos a buscar una fundación cerca y que fuera campestre. Encontré una que está ubicada en Cota llamada “Fundación hogar de paso perro amor” así que le dije a Lau para ir y aceptó. Me aseguré que podíamos ir y marqué al número de la fundación, me contestó un hombre muy amable que me dijo que podíamos cualquier día a partir de las 10 de la mañana para ser voluntarias; al tener esa nueva información con Lau nos organizamos para ir el sábado de Semana Santa.
Finalmente, llegó el día, habíamos acordado con Lau que yo tomaría el mismo bus que ella, ya que ella vive más lejos y tendría que tomarlo primero que yo, me mandó la placa y el nombre del bus para no equivocarme. Salí antes de la hora establecida y esperé a que pasara el bus. Unos minutos después llegó el bus en el que venía Lau, lo señalé para que se detuviera y el bus no se detuvo, así que me toco correr un par de metros, el conductor me vio y pude subirme para encontrarme con Lau.
Después de 40 minutos, nos bajamos en donde pensamos que podíamos llegar más cerca con ayuda de Google Maps. Corrimos para cruzar la calle y teníamos que caminar alrededor de 15 minutos. Durante el trayecto hablamos sobre lo que le preguntaríamos a los cuidadores y compartíamos el mismo sentimiento de felicidad por acariciar y jugar un rato con perros. Finalmente, llegamos al lugar y me sorprendí de lo triste que se veía y las condiciones en que se encontraba. Nos atendió una mujer mayor y nos dijo que si queríamos entrar a ver a los perros, nosotras asentimos y lo primero que vimos fueron a tres perros, uno nos ladraba, otro se nos acercó para que lo acariciáramos (figura 1) y el otro estaba acostado, parecía enfermo. La mujer nos guio y nos explicó que ahí llegaban perros de la calle que se encontraban personas en camino con la intención de apadrinarlos o venir por ellos en un par de meses, pero que la mayoría del tiempo era para dejarlos ahí sin regresar. Seguimos caminando y la mujer se fue a limpiarles el lugar y a darles comida junto a un hombre, ya que hasta ahora estaban organizando. Caminamos y alrededor estaban los perros encerrados con sus casas y platos de comida (figura 2), había alrededor de 3 secciones cada una con aproximadamente 50 perros, todos nos ladraban o simplemente nos miraban. Al costado, había un cuarto que me llamo la atención, entre yo primero y Lau se quedó afuera mientras yo le decía algo, lo único que sentí fue un olor insoportable, observé de donde podía venir el olor, pero no encontré señales, la respuesta más creíble era que ahí dejaban a los perros más enfermos o que ya estaban en condiciones de salud no muy buenas. La mujer volvió a aparecer y no nos informó sobre el voluntariado que veníamos hacer, voluntariado que decía en su página web que se podía hacer y que el hombre de la llamada nos había aceptado, íbamos saliendo del lugar y yo tenía sensaciones raras por las condiciones en que vivían los perros; la mujer nos dijo que a unos metros de ahí había otras dos fundaciones, pero antes pregunté por el perro que parecía estar enfermo que nos recibió en la entrada, la mujer nos dijo que se llamaba Chimuelo (figura 3) y tenía epilepsia; quede bastante afectada y todo el camino me fui pensando en el.
(figura 1) (figura 2)
Salimos y caminamos al otro lugar que estaba bastante cerca, pasamos por charcos y alrededor de unas vacas que estaban comiendo. Al llegar no encontramos una puerta, solo una zanja en la que observábamos a los perros que estaban enrejados y pude notar que este lugar se encontraba en mejor condiciones que el anterior porque los perros estaban al aire libre corriendo por el campo; nos acercamos un poco y nos detuvo un hombre al otro lado que nos dijo como pasar. Cuando la pasamos, el hombre estaba detrás de la reja con los perros limpiando el lugar, el hombre no nos dio acceso al lugar, así que tuvimos que observar el lugar desde afuera. La actitud del hombre no me gusto desde el comienzo, ya que no tenía una actitud amable y contestaba sin interés. Nos presentamos con la intención de hacer conversación a la que sacamos un poco más de información que la mujer anterior; nos dijo que ahí había alrededor de 120 perros (menos que en la primera) que encontraban en la calle o que no podía tener en casa por un tiempo en este sentido, para que puedan tener a los perros las personas que los llevan deben pagar una mensualidad entre 100.000 y 300.000, pero se presentan casos recurrentemente donde no pagan y los dejan ahí tirados. A comparación del anterior lugar, los perros estaban en mejores condiciones y más saludables, ya que este no contaban con tantos, sin embargo, el hombre nos comentó también que no contaban con el personal suficiente para atender a los perros, ya que eran entre 3 y 5 personas. Desde que llegamos ahí, había un perro pequeño de color café claro que estaba recostado en la reja, no podía parar de mirarlo, se veía triste, solo e incluso como si el mismo se hubiera apartado del resto de los perros; le pregunté el señor y contó que su dueña lo había dejado ahí porque vivía en San Andrés y estaba acomodando la casa para poderlo llevar, otra vez el mismo sentimiento de tristeza se apoderó de mí. El hombre tenía que seguir haciendo sus labores, así que nos fuimos, pero antes nos dijo que al lado había otra fundación que era como un ancianato de perros, nos indicó el camino y fuimos hacia allá. Finalmente, nos fuimos y comentamos con Lau el trato tan cero amable que recibimos y la poca información que estás personas nos brindaron, así como el falso voluntariado que estaba en la página web.
Llegamos donde supuestamente estaba el ancianato de perros y nadie nos abrió, timbramos y llamamos, pero fue nulo porque nadie respondió; a lo lejos, podíamos ver a los perros (figura 4). Nos quedamos ahí un par de minutos con la esperanza de que alguien nos abriría, pero luego nos dimos cuenta de que no sería así. Con Lau estábamos bastante tristes con esta situación y decidimos ir a otra fundación que encontramos con ayuda de Google Maps, lo malo es que estaba a más de 40 minutos caminando y estaba lloviendo, parecía que todo estaba empeorando en nuestra salida de campo. Aún estaba temprano, entonces caminamos hacia el lugar mientras hablábamos. Durante el camino, nos llamó la atención que no pasaban carros y la avenida estaba bastante sola; caminamos más rápido hasta llegar al punto donde nos decía Google Maps y quedamos confundidas y sorprendidas porque el lugar era un conjunto de casas y no había avisos de que era una fundación, miramos y efectivamente nos habíamos equivocado, la fundación quedaba más adelante. Caminamos unos metros y nos encontramos con una reja abandonada y en mal aspecto, tocamos el timbre y nadie respondía, parecía que repetíamos la misma historia que el lugar anterior. Supervisamos otra vez con Google Maps y decía que ahí era, así que llamamos al número y nos contestó una mujer con mala actitud y nada servicial, le dijimos que estábamos afuera y que venimos a realizar un trabajo de campo y nos dijo que esa información era falsa que ahí ya no estaban ubicados y que me mandaría la ubicación; con Lau no sabíamos qué hacer, como era posible que nos pasara eso, la mujer nos mandó la ubicación y al revisar nos dimos cuenta de que era donde acabábamos de estar, es decir, habíamos caminado para nada. Decepcionadas y cansadas nos dispusimos a buscar la autopista principal para irnos a la casa, para esto tuvimos que caminar otra vez más de 40 minutos. Durante el camino se nos unió un perro de color blanco (figura 5), nos acompañó todo el trayecto hasta que de un momento a otro no estaba, fue como si hubiera sabido que el camino estaba muy sola y no quiso dejarnos. Llegamos a la calle principal y tomamos el bus de regreso a casa.
En el trayecto a casa, hice retroalimentación de la fundación. Es un lugar que necesita ser más visitado y a su vez tener más voz a voz, ya que las personas que se encargan del cuidado de los perros no pueden con tantos, esto personalmente me afecto mucho porque amo a los animales y ver las condiciones en que viven es muy triste, pensar que la mayoría de los perritos que está ahí es porque lo abandonaron es un golpe al corazón. Así mismo, esta visita me hizo ser más consciente del abandono y de la falta de apoyo que se la a las fundaciones, ya que los perritos dependen de ellas, su hogar.





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